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Disfrutando en Marina D'Or



Llegaron las merecidas vacaciones

Conviviendo con un niño con diabetes tipo 1 - Parte 4



Después de algo más de un año llevando sensores FreeStyle Libre, a mi hijo Brais el sábado 28 de abril por primera vez se le soltó el sensor.
Como todos los sábados llegamos muy justos de tiempo a su curso de natación. Al quitar la camiseta se le enganchó un poco en el sensor y quedó un poco levantado. Automáticamente pasé el lector y me mostró una lectura de glucosa. Suspiré aliviado al comprobar que aun funcionaba.

Y el culpable del engachón fui yo porque con las prisas en vez de sacar primero la camiseta y luego el brazalete que protege el sensor (para cambiárselo por el que usamos en el agua), tristemente lo que hice fue quitar primero el brazalete (no ponerle el nuevo) y a continuación ayudarle a sacar la camiseta. Pero hubo suerte y el sensor funcionaba... mas no mi desordenada cabeza, que para rematar la faena lo que hice fue presionar suavemente el sensor para que se pegara el adhesivo y le puse el otro brazalete. Ahí la fastidié ya que yo sin ser consciente en ese momento se debió doblar el filamento que va dentro de la piel.

Así que al estar tranquilo con la lectura de glucosa mandé a Brais para dentro de la piscina ya que el curso había comenzado. Con calma me cambié y a los 5 minutos pasé a la zona de la piscina ya que al carecer de enfermería, me toca a mí controlar a Brais (para tranquilidad de la monitora Estíbaliz y del socorrista Íker). Procuro no estorbar el normal desarrollo de la clase, así que en un momento de espera de Brais para que el resto de compañeros completaran la rutina, le paso el lector y me da error de escaneo, que lo intente de nuevo a los 10 minutos. Normalmente este error lo muestra cuando hay un cambio brusco de glucosa (está bajo y pega una subida muy rápida,  o al revés), pero en esta ocasión el motivo era el otro (pero yo no lo sabía en ese momento). Efectivamente el problema era -como posteriormente comprobariamos- que el filamento estaba doblado y ya no mandaba los datos. Nada se podía hacer.

Pasaban los minutos y el error persistía. Íker me había visto agitado y vino a interesarse. Le dije que estaba medianamente tranquilo porque en plena actividad suele tener el azúcar más bien alto. Además le había recordado (insistido cansinamente) a Brais que si se sentía raro, tenía hambre o se cansaba, que saliera del agua, ya que eso indicaría una probable bajada de glucosa. El sudor frío él no lo iba a notar, y menos en esa situación. El mayor problema sería cuando se relajara, en esa circunstancia le suele bajar rápidamente.

Tras muchos intentos de lectura di por muerto al sensor. El curso hacía bastante rato que se había acabado y Brais seguía en el agua. Él me insistía en que me metiera para nadar-jugar juntos como hacemos todos los sábados y yo le preguntaba continuamente cómo se encontraba. Por si hacía falta tenía el kit a mano: alimentos con hidratos de carbono y gel de glucosa de acción rápida. Estábamos 'a ciegas', no podía darle nada sin más ya que si lo tenía alto al comer le provocaría un subidón también perjudicial, y tampoco sabría cuántas unidades de bolo corrector de insulina tendría que inyectarle. Para colmo de males me percaté de que tenía las tiras para comprobar en sangre el nivel de azúcar pero me había dejado la lanceta en casa. Pánico.

Saqué a Brais del agua. Ducha. Vestirse. Coche. Farmacia. 70 en sangre (tiene que estar entre 80 y 180). Lo tenía bajo pero no era alarmante. Comió y bebió, y ya nos quedamos más tranquilos la vena de mi cerebro y yo.

Los 15 minutos de vuelta a casa en que se suele quedar dormido hubieran sido angustiosos de no haber ido a que amablemente le hicieran la prueba en la farmacia. Al final mi cabeza se había ordenado un poco.

Todo salió bien pero no veas qué sensación de "abandono" al dejar de funcionar el sistema flash de monitorización de glucosa. Los 60 euros que cuesta cada quincena no se han ido a la porra ya que el domingo tocaba cambiarlo. En casa le aplicamos uno nuevo y transcurridos los 60 minutos de espera de rigor ya teníamos lecturas de glucosa.

Respiramos aliviados.

Conviviendo con un niño con diabetes tipo 1 - Parte 3



Hoy hace un año que calculamos hidratos de carbono, que decidimos cuántas unidades de insulina inyectamos, que corregimos hiperglucemias, que remontamos hipoglucemias, que de noche maldormimos y no descansamos comprobando cada 2 horas la glucemia. Hace 365 días que maldecimos esta enfermedad que supuestamente está 'controlada' pero que ni los profesionales dominan, en la que tenemos que ser nosotros mismos los que todos los días tenemos que tomar decisiones que pueden poner en riesgo la vida. Hoy hace un año que nuestra vida se cayó en pedazos y lo vamos superando con rabia y lágrimas. Pero tras un año durísimo sentimos que vamos por el buen camino cuando tanto Miriam como yo vemos sonreír y ser feliz a Brais... ¡eso lo cura todo!

Conviviendo con un niño con diabetes tipo 1 - Parte 2



Juicio a los padres: diabetes


Los padres de los niños y niñas con diabetes suelen, a menudo, ser sometidos a juicio popular: obsesivos, desquiciados, exagerados… los adjetivos se repiten en muchos casos… Las personas que suelen hacer estos juicios, casi siempre, por no decir siempre, tienen hijos que no padecen ninguna dolencia…

Conviviendo con un niño con diabetes tipo 1 - Parte 1



Suena una alarma, son las 2 de la mañana. Cuando suena la segunda alarma sé que pasan 10 segundos de las 2. Una tercera alarma me indica que ya son 20 los segundos. Me levanto, cojo una tira y la pongo en el medidor mientras Miriam con la lanceta le pincha el dedo corazón a Brais: 96mg/dl. Está dentro del margen correcto (de 80 a 180), sin embargo Miriam y yo nos miramos y sin mediar palabra tenemos el mismo pensamiento: va a ser una noche larga... ¡ojalá nos equivoquemos!