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El coche que se ahoga



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Ocurrió tal día como hoy hace ya 3 años (como pasa el tiempo). Saray y yo habíamos comido en Baiona La Real y estábamos dando un paseito cuando en uno de los muelles no deportivos vemos una grúa. Lo primero que pensamos era que alguien había aparcado en lugar prohibido, pero fijándonos más comprobamos que alguien había aparcado pero que muy mal (desde luego prohibido realmente no estaba, no había ninguna señal que lo impidiera...).


Nos acercamos y asombrados certificamos que el dueño del coche no había visto el mar ni en pintura, o al menos desconocía que las mareas no son algo estático... Desde luego encontró un lugar fenomenal donde aparcar (ya me lo imagino diciendo... "¡Anda! ¡Cuánto sitio libre aquí!", mientras que el resto de mortales -yo incluido- nos las veíamos y deseábamos para encontrar un hueco). En cualquier caso, la marea subió y llegó a la altura del coche. La grúa tuvo que actuar para salvar el coche (impagable ver cómo un típico pescador hacía un nudo marinero para atar una gruesa cuerda a la de la grúa); pero previamente un curioso señor se acercó con su barquita al coche, momento que aproveché yo para tomar la cámara de fotos digital de Saray y sacarle la instantánea (para mí era una foto genial, pero sorprendentemente fui el único en interpretarlo así en ese momento ya que dentro del reducido grupo que estábamos observando la escena, sólo yo en ese momento hice los disparos correspondientes). Aquí queda para la posterioridad (me hubiera gustado haber sacado una foto del lumbreras que aparcó el coche, pero como decía uno de los espectadores... "seguro que por vergüenza está escondido").


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1 comentarios:

la estupidez natural siempre vence a la inteligencia artificial dijo...

¡ Hola a todos!
Me encanta la foto del coche anfibio, pero desgraciadamente no es algo fuera de lo común por estos lares. Todos los veranos tenemos algún suceso de ese tipo en la zona dónde vivo(cerca de donde fue sacada la foto) y es que parece que a la gente de tierra adentro le cuesta asimilar que la marea pueda subir tantos metros.
No son conscientes del enorme poder del agua, así tambien se arriesgan y se colocan en las rocas para ver las olas y ya no es el primero que se lleva el mar.

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