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"Papá, ni se te ocurra venir en tren"... penoso Renfe en Vigo



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La pasada Semana Santa nos vimos obligados a realizar un largo desplazamiento en tren (Vigo-Bilbao), cosa que no hacíamos por lo menos desde hace dos años. Ha pasado el tiempo pero hemos podido constatar que en Renfe las cosas siguen igual o peor de lo que estaban.



Después de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, se implantó en las estaciones de tren -al menos en Vigo- el sistema de control típico de los aeropuertos, ya saben, ese por el que tienes que pasar tu equipaje y pasar por un arco o similar. Ya entonces me preguntaba yo a santo de qué venía todo esto, y no lo digo porque me parezca mal que implanten sistemas de seguridad (aunque otro tema es que sigue siendo un sistema caduco, a ver cuándo lo modernizan). Mi consternación era debida a que esto sólo se realizaba en la estación de origen, es decir, sólo en la de Vigo, en el resto de estaciones en las que el tren paraba, la gente entraba y salía alegremente sin ningún tipo de control. Como digo, han pasado los años y hemos vuelto a comprobar que esto sigue tal cual, cuando yo creo que han tenido tiempo de sobra para implantar las medidas de seguridad en más estaciones... Yo que sepa nadie ha dado una explicación a esto. Nuestra conclusión es que Alguien (así, con mayúsculas, porque debe ser un cargo muy importante) de Renfe tiene Algo en contra de los vigueses. No lo digo ya sólo por esto, sino también por el hecho de que siempre nos tocan los peores coches. Y sé de lo que hablo porque durante tres años realicé muchos viajes en tren y me ha pasado de todo: desde tener goteras (¡el colmo!) hasta que en pleno verano el aire acondicionado falle y en vez de aire frío emitiera aire caliente durante todo el trayecto... y encima el majo del revisor decía que no podíamos cambiarnos de coche (que gracias a Dios otro señor compañero suyo nos dijo que no le hicieramos ni caso y que nos cambiaramos tranquilamente).

En esta ocasión nada montarnos al tren ya empezaron los líos: los números de los asientos que venían impresos en el billete no existían en el coche. Pero no sólo nos pasó a nosotros sino a todos los viajeros. ¿Qué pasaba? Pues que nos fijábamos en los números que estaban claramente impresos, sin caer en la cuenta de que "Spain is Different" (frase que debían tener en mente el grupo de orientales que se miraban extrañados). ¡Pardillos que somos! Para que lo sepáis: no hay que fijarse en los números correctamente serigrafiados, ¡NO! ¡grave error!, el viajero debe ir provisto de linterna y lupa para ver el número de asiento escrito a mano con un rotulador que, sin duda, habrá sido adquirido en un bazar chino (¡al final la culpa la tendrá el grupo ese de orientales que no encontraban sus asientos!)

Pueden imaginarse el follón: en cada estación los viajeros llegaban al final del tren sin encontrar su asiento, con lo cual reculaban y, al fin, cansados y desmoralizados, se sentaban donde les venía en gana. Por supuesto que había viajeros experimentado o hábiles y enseguida daban con sus asientos, que por descontado, estaban ocupados por terceras personas. Los nuevos reclamaban sus asientos, discutían, los nuevos les explicaban a los oKupas que se debían fijar en el número escrito a mano mientras más pasajeros hacían cola esperando para poder pasar... Al final los oKupas agarran sus pertenencias, los nuevos dejan las suyas y, seguramente, los ex-pasajeros que ocupaban los asientos que no les correspondían, encontraban a otros pasajeros en los que legalmente les correspondían. Todo esto ocurre porque nadie te informa del lío y porque los revisores pasan a controlar los billetes cuando se les antoja (o cuando tengan estipulado, no sé cómo es el tema). Los ya experimentados podríamos arreglar pronto las confusiones, diciéndoselo a los nuevos pasajeros que se montan, pero lo hacemos 1, 2 ó 3 veces, pero ya no más (bueno, yo me ofrezco a cambio de un buen sueldo, claro).

El sufrido viajero, tras el primer "incidente", se sienta cómodamente en su asiento y... ¿cómodamente? ¿cómodamente? Bueno, vaya, sí, quizá se esté cómodo en un trayecto cortito, pero cuando tienes horas y horas por delante ya no creo que se califique así. Los que nos subimos a primera hora lo primero que hacemos es buscar cómo reclinar el asiento hacia atrás... Segundo craso error: el pasajero vigués en contadas ocasiones tiene derecho a ese tipo de asiento. Ese día no tocaba, faltaría más (¡cómo va a tocar en temporada alta!). Ya que yo -personalmente- no estaba cómodo y además esos días padecía de fuertes dolores en la espalda, se me ocurrió darme a mi bebida: el H2O... hasta que recordé que el coche-bar para los viajeros que salen desde Vigo es un coche de lujo por el que deben hacer méritos para disfrutar de él (ya saben, todo lo bueno se hace esperar...) Pues nada, a esperar tiempos mejores, mientras tanto a distraerse viendo las caras confusas de los (des)ilusionados pasajeros, ya que poner una película para mantener entretenido al vigués debe estar penado con cadena perpetua... ¿realmente funcionarán los monitores de los coches?

Al fin llegamos a Monforte de Lemos (en Lugo), segunda ocasión en que el pasajero experimentado da sobradas muestras de que lo es. Es en esta población cuando se nos unen los coches que salen desde A Coruña, momento que siempre hace que me acuerde del famoso juego ese de la oruga que va creciendo, ya que una vez que reiniciamos la marcha, al estar en la cola del tren, en las curvas vemos cuánto ha crecido éste. Pero un momento, ¿cómo que en la cola del tren? Pues sí, hábil lector, ya que a partir de este punto peninsular, el tren irá en el otro sentido. Monforte de Lemos, "tradición típica española": Es tarea de todo buen vigués estar atento a la jugada, ya que por su propia iniciativa, ha de dar la vuelta a los asientos para ir orientado en el sentido de la marcha, si es que así lo prefiere. Nosotros así lo hicimos, pero con tal mala pata que el chico que antes estaba detrás de nosotros, ni se inmutó, siguió en la misma postura, con lo cual lo teníamos frente por frente. Para colmo de males, tenía las piernas largas, con lo cual le obligaba a uno a estar un poco encogido, así que más incómodo todavía si cabe... y para nuestro martirio, el hombre hizo el recorrido completo.

Así van transcurriendo las horas, y la gente empieza a sacar los bocadillos. Nosotros no somos menos, sino todo lo contrario, así que decido ir al coche-bar por unas botellas de agua tras ser informado por el revisor de que "se encuentra dos coches más atrás". Ese capítulo de Barrio Sésamo se lo habrá perdido el revisor, porque perdí la cuenta tras el cuarto coche... o quizá fuera debido a mi confusión mental al contemplar atónito la diferencia entre nuestro coche y el resto: los demás podían inclinar los asientos, tenían mesita que se desplegaba de la del asiento delantero, o bien había una mesa entre dos bloques de asientos. ¡Las puertas que dividían los coches eran automáticas! Es decir, ¡los pasajeros no tenían que levantarse parar dejar bien cerrada la puerta cuando algún gracioso entraba y se la dejaba abierta! Incluso había un coche en que en uno de los lados sólo había una fila de asientos en vez de los dos habituales... Ya llega uno cabreado al bar por la diferencia de trato, y encima te toca esperar un buen rato allí de pie porque sólo atiende un señor y está haciendo bocadillos. Después de media hora (tras varias llamadas al móvil por si me pasaba algo), regreso al coche bastante cabreado, justo en el momento en que el revisor está pidiendo el billete a una pasajera, la cual se le queja del problema de la numeración, ante lo cual el revisor le dice: "ya, es que estos coches ya ni se ponen", y yo automáticamente le salto: "claro, estos sólo se nos pone a los que venimos de Vigo, siempre nos ponen los mejores". Y el revisor o realmente no me escucho o hizo que no me escuchaba porque ni se inmutó... ¡o el que calla otorga!

¡Espero no tener que volver a utilizar este medio de locomoción en mucho tiempo!

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, os dejo una bella melodía del malogrado cantautor Andrés do Barro. La canción se titula "O Tren" y el video pertenece a "La red de mi canción", la película que protagonizó este ferrolano ilustre. Este hit-single se publicó el 3 noviembre de 1969, entrando directamente al número uno en España, siendo la primera canción en gallego en conseguirlo. Posteriormente Siniestro Total harían una versión que incluirían en el disco "Siniestro Total II (El Regreso)" (Dro, 1983).