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Educación y buenos modales, parte 1



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Semanas atrás nos reunimos un grupo de 8 amigos a cenar en un restaurante. La reunión iba por el buen camino: la compañía era perfecta, la charla surgía fluidamente, la comida estaba exquisita, el local era agradable, el camarero y el servicio eran ideales,...


La única pega era que en la mesa redonda que nos habían asignado estaba en un lugar en que no había aire acondicionado y el calor nos capturó de inmediato. Para contrarrestarlo preguntamos al diligente camarero si se podía dejar la puerta abierta. Éste respondió afirmativamente y que -de hecho- él así lo prefería e inmediatamente la abrió. Nosotros nos la prometíamos felices pero al cabo de unos minutos comprobamos que realmente no había refrescado nada. Un vistazo en la dirección de la puerta nos hizo comprobar que volvía a estar cerrada, así que uno de mis amigos se brindó a abrirla. Ni corto ni perezoso, allí se fue, mas una vez abierta le llamaron la atención de la mesa contigua a la nuestra diciéndole que cerrara la puerta ya que tenían allí a un bebé. Él accedió y nos hizo partícipes de esa acción. Nadie dijo nada, aceptamos pasar calor por el bien de la criatura.

Sin embargo, una vez que me echaba yo para atrás apoyando mi espalda en la silla tras haber reído a carcajadas, vislumbré cómo muchos de los miembros de la mesa contigua miraban en nuestra dirección. La verdad es que me quedé muy extrañado pero lo achaqué a que les había llamado la atención nuestras risas o que a lo mejor alguien había dicho algo "curioso" (no era consciente de ello pero era una posibilidad). No le di más importancia al asunto.

Mucho más tarde, la madre del bebé se levantó y empezó a despedirse de las personas con las que compartía mesa. Como la peque parecía que no quitaba ojo a Saray, así se lo hice notar, pero una amiga que estaba de espaldas a la otra mesa nos dijo que no le hicieramos muchas carantoñas a la criatura, que no estaba el horno para bollos, que luego nos contaba.



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¿Qué es lo que había pasado? Nuestra amiga nos contó que los de la otra mesa llevaban toda la noche diciendo que vaya falta de eduación y consideración teníamos, que habíamos despertado varias veces al bebé...

Pero vamos a ver... ¡¡¡No sólo hicieron pasar calor a todo el comedor por la presencia del niño sino que además pretendían que nos mantuvieramos en silencio!!!

Lo que es más, cuando ellos llegaron, nosotros ya llevábamos tiempo en el restaurante, así que si no les gustaba el follón que organizábamos, que hubieran pedido ser trasladados a otra zona libre (si la hubiere) o sino que se fueran a otro restaurante.

Y para desconsiderados, ellos. Que nosotros le pedimos permiso al camarero, mientras que ellos actuaron por su cuenta y riesgo, cerrando la puerta sin preocuparse por nadie. Seguro que el sudoroso camarero les estará infinitamente agradecido...

En cualquier caso -y este es un punto determinante-, ¿qué hace un bebé en un restaurante a las doce y pico de la noche (hora en que se fueron los padres de la criatura)? La falta de eduación y consideración es por parte de los padres... si quieren mantener su vida social pues que cuide del bebé otra persona, y si no puede ser, pues que hagan como siempre se ha hecho: o se queda uno de ellos cuidándolo en casa o sino ambos.

¿Saben lo peor? Pues que aún se lo contarán a terceras personas, y estas les darán la razón a ellos... que nosotros éramos unos desconsiderados... ¿Y usted qué piensa al respecto?

4 comentarios:

WOOD dijo...

Si te sirve de algo mi opinión, creo que tienes toda la razón. Qué coño hace un bebe a esas horas en un restaurante? Abrazo.

EdCharrúa dijo...

Por supuesto que me sirve, muchas gracias por dar tu opinión. Saludos.

Clara Gil Pidal dijo...

Me encantan tus artículos de buenos modales, estaba haciendo una búsqueda de fotos para mi blog y me he encontrado con el tuyo. Genial.

Clara, protocolomunicipal.com

EdCharrúa dijo...

Muchas gracias Clara, ahora voy a visitar tu blog. Saludos.

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