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Cristobalete y Marcelina



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Mini-curso sobre cómo colocar un preservativo, cortesía de Agustín Vega (recuerdos para todos los fidoneteros).


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Ahora otro capítulo más de estos interesantes cursos, esta vez por gentileza de Tony Saá, que fue quien me ha dado la idea de escribir este capítulo... Así que, las amenazas de bomba, matones a sueldo, etc., enviarlos directamente a quien me dio la idea.

Bueno, siguiendo con la línea del último capítulo sobre modems, vamos a ver algo relacionado con el tema, 'Cómo colocar un preservativo', que es un trabajo arduo y difícil como veremos a continuación.

Como sabemos que hay gente no iniciada en el tema, vamos a explicar brevemente lo que es un preservativo. Un preservativo es un artefacto de látex cuyo fin es proteger a cierto individuo de que tenga ganas de vomitar. Aunque también hay gente que se divierte inflándolos con aire y los usan como globitos en las fiestas de cumpleaños.


Los hay de diferentes tamaños. Tenemos:


  • Tamaño “Liliputiense”

  • Tamaño “Pitufo”

  • Tamaño “Enanito del Bosque”

  • Tamaño “Ya la veo”

  • Tamaño “Normal”

  • Tamaño “Grande”

  • Tamaño “Caballo”

  • Tamaño “Elefante”

  • Tamaño “¿Y eso qué eh?”

  • Tamaño “Tú no me metes eso”

Los 5 últimos son los que menos demanda tienen. Los más pedidos son los tres primeros.

Pues bien, al individuo que va a llevar la Gabardina lo vamos a llamar Cristobalete, para que no haya nadie que se ofenda...

Cogemos a Cristobalete y le damos palabras de ánimo. Cristobalete suele estar la mayor parte del tiempo deprimido, alicaído, sin ganas de fiesta. Entonces con palabras de cariño, le vamos jaleando, diciendo cosas como 'Vamos tío, que no se diga', 'Levanta ese ánimo'. Si no resulta y tenemos a una compañera que le pueda presentar a Marcelina, pues se animará mucho más rápido ya que cuando Cristobalete ve a Marcelina, sabe que lo va a pasar muy bien, pues son grandes amigos y se divierten mucho jugando al parchís. Aunque casi siempre Cristobalete se muestra indeciso, y no sabe si entrar o salir en la casita de Marcelina. Y cuando entra, pues enseguida tiene ganas de salir, y cuando sale tiene ganas de entrar. Y claro, todo este movimiento, suele marear mucho a Cristobalete y termina por vomitar. Pues si Cristobalete ha sido precavido y se ha puesto la capucha, no pondrá perdido el piso de la casita de Marcelina.

Pues si hemos elegido bien el tamaño de la capucha de Cristobalete, y lo hemos adecuado a su corpulencia, no tendremos problemas. No podemos poner, por ejemplo, el tamaño Caballo a un Cristobalete enclenque, que no levanta un palmo del suelo. Por la misma razón no podemos poner el tamaño pitufo a un Cristobalete que en lugar de Cristobalete se llame Arnold Swarzeneger.

Hay que tener mucho cuidado de romper la capucha de Cristobalete, pues entonces podría salpicar cuando vomite y Marcelina le podría poner igualmente de patitas en la calle por mancharle las paredes de su linda casita. Además que el vómito de Cristobalete tiene efectos secundarios no esperados, que autoreplican otros Cristobaletes y/o Marcelinas, cosa que no siempre es esperada.

A veces es conveniente mantener entretenido a Cristobalete mientras juega al parchís con Marcelina, por eso hay preservativos con música que alegran la velada. También si se va la luz en casa de Marcelina, pues Cristobalete se puede poner una capucha fluorescente para que puedan seguir jugando en la oscuridad. Pero Cristobalete no es caprichoso y no necesita muchas veces de estos artilugios para divertirse con Marcelina.

Pero no siempre Cristobalete juega con Marcelina, a veces a Cristobalete le gusta estar con su amigo Herculete, y también se pone la capuchita cuando va a la casita de Herculete.

Bueno, pues aquí se acaba el capítulo, en el próximo capítulo explicaremos otro interesante tema, como por ejemplo la digestión de los caracoles, o el reflujo vaginal de los pingüinos del Cáucaso...